Fotografía sin verdad

Desde que, como parte inherente a la comunicación apareciera la primera fotografía, el poder de aportar testimonio de la realidad de este nuevo invento ha sido evidente. No obstante, a lo largo de la historia se han ido conociendo imágenes que ofrecían una realidad distinta a lo que había acontecido y que, por error o de manera deliberada, confundían al lector y difundían una mentira.

En Fotografía sin verdad. El poder de la mentira, libro y exposición fotográfica, en un guiño a las tesis planteadas en el conocido libro de Fontcuberta con el impactante título de El beso de Judas (Fontcuberta, Joan. El beso de Judas. Fotografía y verdad. Barcelona: Gustavo Gili, 1997), los autores Diego y Daniel Caballo, profesores de fotografía de la Universidad CEU San Pablo y periodistas de la Agencia EFE, nos regalan un trabajo de años de dedicación y, en gran medida, resultado del trabajo de investigación que les llevo a la realización de sus respectivas tesis doctorales.

Como señalan los autores en la introducción al libro, este trabajo pretende “…demostrar que la manipulación va ligada al nacimiento de la fotografía, pero que en la actualidad, y debido a la implantación de la imagen digital en el ámbito periodístico y en todos sus campos, los casos de deformación de la realidad han aumentado, ya que los procesos técnicos se han simplificado ostensiblemente a la hora de realizarlas.”

Acontecimientos históricos, dictadores, políticos de todos los tiempos y distintos sistemas de gobierno, monarquías, medios de comunicación, periodistas, empresas del ámbito de la publicidad… son protagonistas de estas imágenes que fueron manipuladas en el laboratorio tradicional o en el popular Adobe Photoshop, el programa estándar de tratamiento digital de la fotografía.

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La fotografía manipulada de Franco y Hitler pasando revista a las tropas alemanas en Hendaya, descubierta en el año 2000; la ministra de Justicia francesa, Rachida Dati, en la portada del diario Le Figaro sin un valioso anillo que se había hecho desaparecer digitalmente en la redacción de la mencionada publicación; la polémica imagen retocada y distorsionada de la modelo Filippa Hamilton en una imagen asociada a la firma de moda americana Ralph Lauren o la imagen de las torres gemelas, en El Día de Santa Cruz de Tenerife, con una explosión añadida y un avión que nunca existió volando próximo a la zona del atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001, son ejemplos de unas mentiras que nunca debieron existir y que los autores nos brindan para que podamos distinguir, por contraste, la verdadera realidad que, para el lector, se encuentra en la posibilidad de acceder al mayor número de fuentes de información posibles. Circunstancia que ya era posible acudiendo a distintos medios de comunicación y líneas editoriales y que hoy se ha visto potenciado por el desarrollo de las tecnologías asociadas a la información, la democratización de los medios de comunicación y el denominado periodismo ciudadano.

Si hace poco tiempo la prensa escrita, la radio y la televisión eran, unidireccionalmente, los únicos que informaban a la sociedad y el resquicio para la libertad de expresión eran fórmulas como las cartas al director, hoy la mencionada libertad de expresión -protegida como derecho fundamental en el artículo 20 de nuestra Constitución- es una realidad. Sin embargo, que los canales de difusión estén al alcance de cualquier persona, además de dar voz al ciudadano anónimo, también han proporcionado el don de la ubicuidad a la información lo que, en definitiva, ha supuesto que sea más difícil proteger, entre otros, los derechos a la intimidad o al honor (también derechos fundamentales en nuestra Constitución y protegidos por el mismo artículo). En este contexto, evidentemente, han adquirido un protagonismo inusitado la fotografía digital y la evolución y desarrollo de las cámaras digitales.

El trabajo reseñado nos ofrece una valiosa lección de lo que ocurre cuando la verdad se convierte en víctima y, sin ningún rigor, se hace pública. Nos encontramos, en definitiva, con un libro y una exposición imprescindibles para quien quiera conocer las posibilidades de manipulación de la fotografía en el ámbito de los medios de comunicación, que supone un acierto de los autores en la elección del tema, en el tratamiento del objeto de estudio y en el momento social elegido para editar la publicación y ofrecernos esta exposición.

Miguel Ángel de Santiago

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