Enrique Meneses: La voluntad de volar libre

Enrique Meneses Miniaty (Madrid,1929), fallecido la noche del día 5 de enero del 2013 en el madrileño hospital de La Paz, ejerció hasta muy pocos días antes de su muerte como uno de esos “hombres y mujeres que se abrazaron a una profesión como otros toman los hábitos y hacen votos de castidad. Una profesión en la que de nada sirve sentarse detrás de una mesa y escribir folios y folios, sino que hay que ir a buscar la información donde ésta se encuentra, entre otras razones porque el fotoperiodista, además de escribir su propio texto, hace sus propias fotos, y no puede fotografiar nada desde una habitación de hotel”, como él mismo escribió.

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Aconsejaba a las nuevas generaciones de periodistas aprender idiomas y no perder nunca el entusiasmo, la paciencia, la curiosidad, la humildad y el respeto, porque éstos han sido, son y seguirán siendo la clave del oficio.  Fue corresponsal en Oriente Medio y la India, director del programa A toda plana de Televisión Española, miembro del equipo de Los Reporteros en la Primera Cadena, director general de ABC de Las Américas, director de la edición española de Playboy, creador y director de Los Aventureros en Radio Nacional y, además de trabajar en Life y Paris Match,  colaboró en decenas de diarios y revistas.

Supo ir reciclándose continuamente. De la máquina de escribir al telex, de la linotipia al ordenador, de la foto en película de celulosa a la imagen digital, de las ampliaciones en el cuarto oscuro a la transmisión instantánea y su maquetación en pantalla, largo proceso que ha ido dejando atrás a profesionales como fagocitados por la propia evolución. “El periodista de ahora – me dijo en una de nuestras largas charlas – tiene que formarse bien e intentar aprender todas las variantes de la profesión, porque cada soporte (papel, radio, televisión, blog, fotografiar, filmar..) es una oportunidad más para abrirse camino ”en este oficio en el que antes de proceder a una cobertura, por anodina que pueda aparentar ser, tiene que informarse y contrastar antes de dar por buena a una sola fuente.

Publicó numerosos libros: Fidel Castro, Nasser, el último faraón, La bruja desnuda, Seso y Sexo, Escrito en carne, Una experiencia humana… Robinson en África, La nostalgia es un error, José de Vilallonga, Castro, empieza la revolución, África de Cairo a Cabo, y sus memorias, Hasta aquí hemos llegado, ejemplo de maestría que debería tener lectura obligatoria en todas las facultades de Periodismo.

Su mayor éxito, o el más conocido o admirado, fue la exclusiva mundial tras conseguir retratar y convivir  varios meses  con los rebeldes de Fidel Castro y Ché Guevara en Sierra Maestra, que le costó, entre otras cosas,  pasar por las cárceles de Batista

Ejerció   la polivalencia  siempre y en todos los soportes. Sus fotos, al igual que sus crónicas, informaban, impactaban y muchas veces emocionaban porque eran   fruto de la escuela del riesgo, del aprendizaje continuo de la calle y de la cruda realidad. Fotos como destellos que capturaron instantes que perdurarán siempre en la memoria colectiva, al igual que los míticos personajes  que retrató. Son obras de quien siempre supo volar libre, y a ras de tierra, por entre las redacciones de  algunas de las mejores publicaciones del mundo.

Trabajó y amó África, a la que le dedicó su libro Africa de Cairo a Cabo, “ese continente y yo mantenemos una relación sentimental que solo la muerte puede terminar”. “Pero ahora África se deshace. Se está vaciando de riquezas y solo abunda en cayucos y en fotos de dolor y muerte. Allí, como Kapuscinsky, otro de los grandes periodistas de todos los tiempo, tomó numerosas fotos y escribió muchas de sus crónicas. – ¿Y qué te parece, Diego? Yo, que siempre amé a África, estoy siendo cuidado desde hace unos días por Hicham, que es del Sahara…

Estuvo también presente en la marcha de Washington por el trabajo y la libertad, encabezada por Martín Luther King y su sueño, arrebatado luego por la muerte. A esa época le debemos sus magníficas fotos de la manifestación y de algunos de los actores que acudieron a ella, como Paul Newman, Marlon Brando, Burt Lancaster, Charlton Heston y Sydney Poitier, además del propio Luther King y con las que tuve la enorme satisfacción de organizarle una exposición titula “Mis 60”, que fue exhibida en Madrid y otros puntos de España. Vendría después la muestra “Sierra Maestra” y “Cien miradas de Enrique Meneses”, acompañada esta última de un libro y un documental con el mismo título, editado por la Asociación de la Prensa de Madrid, en aquellos años en la que ser directivo me dejó la libertad de llevar las imágenes a donde hasta entonces apenas había tenido presencia en forma de exposiciones.

Aprendió a desconfiar del fotómetro porque la arena del desierto multiplicaba la luminosidad; aprendió a dejarse quitar el rollo de película entregándole a la policía uno virgen mientras les hacía creer que era el ya impresionado; aprendió a hacer envíos con su material combinando medios de transporte y salvando la censura.

Unos pocos días antes de su muerte, la última vez que lo vi, volvimos a hablar de la profesión, y cuando ya me disponía a marcharme le pregunté: ¿Enrique, qué tienes ahí, un nuevo invento tecnológico?

Miró, me miró, y dijo: “Ah, eso. Es lo que le ponen a los bebés mientras duermen para vigilarlos… Lo que no saben estos es que yo le doy la vuelta y observo lo que hacen ellos”. Y rompió a reír, “la última vez que le vi reír.  La última vez que pude hablar con él de la fundación que lleva su nombre y a cuyo patronato me pidió que perteneciera junto a Annick Duval, que será su presidenta; José Luis Amores, secretario; Gervasio Sánchez, Sandra Balsells Cubells, Juan Manuel Castro Prieto, Gumersindo Lafuente Frutos, Publio López Mondéjar y Aurelio Martín González. Hablamos de  su televisión utópica y de su blog, ahora huérfano, hablamos… Y no olvidó decirme una vez más: “Dile a tus alumnos que la información hay que ir a buscarla”.

En la madrugada del día 7, apenas eran las dos, me sonó el teléfono. Era Annick Duval, su pareja, su compañera, y esta vez no hicieron falta las palabras.

Diego Caballo Ardila

*Diego Caballo es profesor de Fotoperiodismo, Teoría y Técnica de la Fotografía, Análisis de los Lenguajes Visuales: Arte y Fotografía y Fundamentos de Fotografía y Estética en la facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la universidad San Pablo CEU (Madrid)

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