Yorokobu, un diseño distinto

El cofundador de Yorokobu en España, Marcus Hurst, ha comenzado su ponencia explicando cómo surgió la idea de llevar a cabo esta publicación, cuyo carácter ha definido como vitalista y creativo. Yorokobu significa “estar feliz” en japonés. Se trata de una revista de inspiración difícil de encasillar que “no quiso entrar al juego del petardeo y las celebrities” sino que apostó por las nuevas tecnologías y los proyectos emprendedores. Habla de lo nuevo sin ser frívola. Trata temas que tienen una clara faceta social y huye de la clásica endogamia con los anunciantes.

Marcus Hurst durante su ponencia.

Es una revista que en su día quiso optar tanto por el diseño web como por el tradicional diseño a papel. Que esto fuese un error está muy lejos de ser verdad. De hecho, del empleo del papel brotaron otras muchas ofertas de la mano por ejemplo de empresas como Vuelling, Heineken o BBVA.

Si por algo se caracterizan las portadas de Yorokobu es porque muchas de ellas no tienen ni siquiera cabecera. Esto fue en principio un aspecto muy arriesgado, puesto que no era una revista muy conocida aún. Sin embargo, Hurst asegura que a día de hoy “Yorokobu no sería Yorokobu si no fuese por sus portadas sin cabecera”.

La revista habla de un ilustrador cada mes, al que siempre intenta involucrar pidiéndole por ejemplo que diseñe el titular del artículo que protagoniza. La fotografía, la ilustración y las tipografías convertidas en elementos gráficos son aspectos con un protagonismo evidente en las páginas interiores de esta revista. Yorokobu apuesta, en este sentido, por dar cierta libertad al diseñador con el fin de huir de la monotonía y dotar de mayor dinamismo a los contenidos.

Por otro lado, apuesta a ciegas por las redes sociales. Facebook es “un gran canal que nos ha permitido llegar a muchos sitios sin invertir”, ha dicho Hurst. Su blog es uno de los más leídos en España, lo que les permite no solo darse a conocer sino contar con nuevos anunciantes y fotógrafos.

Hurst demuestra con todo y con ello ser fiel seguidor de una filosofía. Esta determina que no siempre hay crear algo nuevo, en ocasiones lo bueno se consigue rescatando valores perdidos.

Elisa García Faya

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