Cara y cruz de la fotografía analógica

Parece que la fotografía analógica avanza, inexorablemente, hacia su total desaparición. La última estocada a este tipo de fotografía la ha sufrido uno de los nombres más míticos en esta industria, Kodak. Hace poco, la compañía que revolucionó la fotografía en el a finales del XIX, anunciaba que entraba en concurso de acreedores –algo que junto a las primas de riesgo está, por desgracia, muy de moda últimamente-, dejando al mundo de la fotografía analógica en vilo. Pendiente de lo que está por venir.

Cuando la Eastman Kodak Company (Kodak a secas para el común de los mortales) introdujo el carrete de papel en 1888, cambió el concepto de fotografía al permitir la progresiva desaparición de las placas fotográficas. Desde el principio, se centró en la globalización de la fotografía, permitiendo la aparición del “movimiento amateur” sobre todo con su cámara más ilustre, la Kodak Brownie. Esta cámara facilitó la democratización de la práctica fotográfica. Pero, cómo no si solo costaba 1 dólar.

Después de una historia tan fructífera, llega el momento en el que toda empresa tiene que dar un paso decisivo: renovarse o morir. Y aunque se dice que Kodak está en las últimas, yo sigo confiando en la capacidad de renovación que en tiempos de crisis tienen las empresas. Y si no, que se lo digan a Polaroid. La compañía ha conseguido adaptarse a los tiempos y hacerse un hueco entre lo digital, ampliando su presencia poco a poco. Lo curioso ha sido cómo lo ha hecho. Renovando su producto de siempre y relanzando la fotografía instantánea.

Parece que hoy en día, cuando cada uno de nosotros tiene una cámara de fotos en nuestro móvil, la única forma con la que el medio analógico se puede mantener a flote es ofreciendo los mismos niveles de inmediatez. Iniciativas como Impossible Project, que siguen fabricando película para las cámaras Polaroid, o la del fotógrafo Tim Mantoani mantienen a la fotografía analógica instantánea de actualidad. En su libro Behind Photographs reune unos 150 retratos de fotógrafos famosos mientras posan con su fotografía más famosa o preferida. Esta iniciativa tiene doble interés, en primer lugar fomenta la curiosidad por ver a la persona detrás de la cámara –siendo una especie de quién es quién fotográfico- y, por otro lado,  resulta todavía más atractivo cuando se sabe que la cámara utilizada es una Polaroid Land de gran formato (20×24 pulgadas).

Estamos viviendo un momento crítico para la fotografía analógica, la tradicional, la de toda la vida y en este tiempo difícil hay que dar un paso valiente, que a veces pasa por cambiar el modelo. Esta crisis global, puede ser un momento para la innovación a través de las ideas. Porque innovar, como dice el DRAE, supone “mudar o alterar algo, introduciendo novedades” e iniciativas como las de Mantoani, a veces son la mejor de las innovaciones.

Animo a cualquiera a coger su vieja cámara analógica –instantánea o no- y echarse a la calle para recuperar ese sentimiento y emoción que solo ofrece la fotografía tradicional. Ese gusto por el “qué saldrá”. Yo, voy a hacer lo propio.

Emiliano Blasco Doñamayor

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